Cerro de Pasco: La opulenta ciudad de los metales.
Canto al Tajo abierto que devora
la opulenta ciudad de los metales,
donde el oro y la plata se atesora
y se extrae el cobre de sus entrales.
Canto a la antigua gloria de Pasco,
que fue cuna de héroes y caudillos,
y que hoy sufre el ultraje y el fracaso
de ver su suelo hecho pedazos y escombros.
Canto al pueblo que lucha y que resiste
el avance implacable de la mina,
que amenaza con borrar su historia y su arte,
y con dejarlo sin agua y sin vida.
Canto a la esperanza que no muere
de ver un día su tierra restaurada,
donde el verde retoñe y el aire se aclare,
y donde el Tajo abierto sea solo una leyenda.
Desde tiempos remotos, en las alturas
de los Andes peruanos se alzaba
la ciudad de Pasco, rica y culta,
que el metal de sus montes explotaba.
Los antiguos pobladores conocían
el secreto del fuego y del martillo,
y con arte y destreza convertían
el mineral en joyas y cuchillos.
Luego llegaron los conquistadores
con sus armas de hierro y sus codicias,
y sometieron a los pobladores
a la esclavitud, el tributo y las injusticias.
Así empezó la fiebre del metal,
que atrajo a más y más aventureros,
que fundaron haciendas y ciudades
alrededor del cerro de los mineros.
Pasaron siglos de explotación y saqueo,
y el cerro se fue abriendo poco a poco,
hasta formar un cráter gigantesco
que devoró casas, calles y templos.
Hoy el Tajo abierto es una herida
que sangra por el centro de la urbe,
y que amenaza con acabar la vida
de quienes aún resisten en su borde.
© Isaías Joel HURTADO SANTA CRUZ
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