LA PUREZA DE SANGRE Y OTROS ASPECTOS RACIALES DE ARGUEDAS EN WAMBRA KUYAY[1]
Introducción:
Sociólogos
y antropólogos de diferentes naciones del mundo, interesados en la problemática
peruana, han tratado de encontrarle una identidad nacional al Perú. Recuerdo
que ése era el tema transversal, en la década pasada, en todas las clases de la
instrucción secundaria. El indio comenzó a aparecer en los libros de cuentos,
en lecturas académicas y en muchos trabajos de investigación. Intentaban, por
así decirlo, poner al indio en todo lo que se pudiese, para acallar a la
conciencia después de muchos siglos de abusos y atropellos contra ellos. También por la mística de sentirse así más peruanos de lo que se
sienten.
Vargas
Llosa, en su intervención en el discurso del Nobel, reflexiona sobre la
identidad nacional: “…Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el
Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario
privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!…[2]” Y esto es cierto. La
regionalización pre colonial, por llamar de algún modo a la división
territorial de los pueblos pre – colombinos, reconocía a las ciudades como
pueblos con identidad, con dioses, y con variantes de la lengua que están muy
lejanos ya de ser dialectos del quechua, Jacaru, kauqui, y cualquier otro
idioma importante. Recordemos que el quechua hablado en la zona central del
país, estoy hablando en especial de Quechua Yaro, aunque aún no exista esa
categoría en los estudios lingüísticos sobre ese idioma, es tan diferente al
del Valle del Mantaro, o al quechua sureño, y por ende ya no constituiría un dialecto,
sino un idioma diferente al de los demás pueblos. Esto conlleva a pensar que
los pueblos, por que el idioma que usaban, tenían formas muy diferentes de
interpretar todo lo ocurría no sólo en el cosmos sino también todo lo que
ocurría con la invasión de los demás pueblos andinos y posteriormente la
invasión española.
Los
pueblos estaban enfrentados entre sí, luchaban entre sí. No sólo por defender
sus terrenos agrícolas o de pastizales, sino también estaban enfrentados en
nombre de sus divinidades. En nombre de todo lo que los hacía ser miembros de
una comunidad. Recuerdo los cuentos del abuelo, junto al poyo de la casa, en el
que nos decía que estaba prohibido, en un tiempo no muy lejano al de sus
abuelos, el matrimonio con alguien que
no perteneciera a la comunidad.
Todo
este proceso de enfrentamiento, estás costumbres que quedaron en muchos de los
pueblos andinos, se ven reflejados en los cuentos de Arguedas. Pero ya no es
lucha entre personas de diferentes comunidades, sino la lucha entre los
principales, “los mistis”, asociados a los indios que traicionaron a sus
comunidades y se dejaron comprar por algunas tierras y algunos favores contra
los comuneros, “los runas”. Esta lucha recuerda a la lucha que Marx llama la
“lucha de clases[3]”
Estás clases antagónicas, “el misti y el runa”, están divididos por lo que
Mariátegui llamaría “el problema del indio[4]” que deja de ser un
problema meramente intelectual o de adquisición de conocimiento o poder
económico, y pasa hacer el control de los medios de producción. Ambos
sociólogos, Marx y Mariátegui, concuerdan en que la monopolización del mercado
y la propiedad privada sobre los medios de producción, en este caso la
propiedad de la tierra, son fundamentales para la existencia de dos clases
sociales la del “hacendado” y la del “faeneros” la de los “proletarios”. Pero
la diferenciación no sólo se da por la posición de tierras. En la realidad
peruana aparece otro factor: “El Factor racial”. Tener un color de piel era
garantía de pertenecer a una de las clases dominantes. Ser de diferente color
equivalía a decir ser de clases diferentes, tener un valor distinto.
En
medio de este mundo, de estas clases antagónicas, nace el amor de un muchacho,
de un “Wambra”, que no pertenecía, por su origen, a la comunidad de indios, de
proletarios. Y todo este amor se nos presenta en un cuento cuyo carácter social
llama la atención desde la primera línea. “Wambra Kuyay”[5], que por errores de
imprenta se llamó “Warma Kuyay” aparece en el libro[6] que inicialmente incluyó
tres cuentos de Arguedas, “Agua”, “Los Escoleros” y “Warma Kuyay”; y que con el
pasar del tiempo se agregaron algunos cuentos más.
El
cuento en mención es una de las historias de amor más bellas de la literatura
peruana. Su carácter social y psicológico llama la atención, y es el motivo de
este estudio.
2. Una mirada
rápida del cuento:
Ernesto,
un niño blanco encariñado con los indios, se enamora de Justina. Justina, una
india de facciones blancas y finas, diferente a las otras indias, ama al Kutu,
un indio fuerte pero que se intimida ante los demás hombre y le “tiembla” a don
Froilán. Justina es abusada sexualmente por Don Froilán, y esto es motivo para
que Ernesto incite al kutu para que se vengara, pero éste no quiere hacerlo por
tiene pena de sus hijitos. La única manera que encuentra el kutu de vengarse de
las injusticias es golpeando duramente de los animales de don Froilán, a los
más finos y tiernos, pensando que golpeando a los animales se vengaba del
hacendado abusivo. Ernesto se compadece y llora, una noche en que se sentía
culpable, abrazado a la inocente victima que el Kutu había dejado casi muerta.
Con el tiempo, y por la cobardía del kutu, quedará en manos de Ernesto, cuando
sea “abogau”, matar a don Froilán y vengar el honor de la Justina. Ernesto le
pide al Kutu que se vaya y que le deje a la Justina, y lo que el Kutu accede, y
se marcha. Pero Ernesto no se cree en la capacidad de vivir con Justina, pues
sabe que ella se merece un hombre grande. Pero Ernesto es feliz con sólo
mirarla y con sólo escuchar su voz.
Todo
este cuento, narrado en primera persona, parece ser el recuerdo, desde un
escritorio, del narrador de una época pasada de su vida, de una época feliz. Un
recuerdo que, desde una ciudad de gentes que no conocía y gentes que no quería,
alumbraba su vida.
Problema racial en
Wambra Kuyay:
Las
razas, de la supremacía de una sobre otra, hablo en términos de opresor y
oprimidos, no es un fenómeno natural como la religión ha intentado explicar. La
visión cósmica de todas las religiones sugiere que su “Dios” los creo
superiores a los demás, y que por este sentido le atribuían a sus, reyes o
principales, un parentesco de sangre con sus dioses. Pero no sólo los reyes se
sentían hijos de su dios, sino como explica Karl Abraham: “…El hombre hace
remontar su origen a los dioses de su creación… el hombre se identifica con un
dios… Éstos, los hombres, a su vez,
llegan sentirse ellos mismos en una relación especialmente intima con su dios…[7]” Esta explicación sugiera que
han sido los hombres quienes han inventado a sus dioses, y ellos son los que se
han atribuido hijos del ser, que ellos mismos crearon, y que representa su
orgullo racial y nacional.
Pero
no sólo se debieron a desvaríos psicológicos, la concepción materialista
aclara: “…Las diferencias naturales entre los hombres no engendra por sí solas
diferencias de carácter social y sólo en determinadas condiciones sociales
pueden estar relacionados con la desigualdad en la sociedad. Así la diferencia
entre razas no es de origen natural sino histórico. El diferente nivel de
desarrollo socioeconómico no puede explicarse por el color de la piel, ni por
la forma de los cabellos, ni por los rasgos raciales…[8]” Esta concepción ya no atribuye a las causas
naturales o ideológicas, sino a las causas históricas.
Pero
le racismo se dio de los dos bandos. También los oprimidos era racistas. Y eso
lo testifica un relato recogido en Cuzco, donde se nos habla la superioridad
del quechua, hablo del idioma, sobre la lengua que les españoles habían traído:
“… El hombre del Cuzco espero hasta que el hombre de España acabase de hablar,
y, entonces, pensando bien, le respondió de esta manera: ‘nuestro idioma es la
lengua del inca rey, el idioma de la gente, la lengua del pueblo. En cambio de
ustedes, que llaman castellano, tienen como nombre lengua de perro, nadie sabe
esa lengua…[9]”.
Esto no puede parece discriminación racial, pero si nos detenemos a pensar que
en la cosmovisión de los pueblo antiguos el idioma había sido enseñado por sus
dioses, y que afirmar que una lengua era superior a otra era afirmar que su
dios era más importante que el otro. Pero eso no queda ahí, era también afirmar
que su origen, y por tal motivo su posición actual, era superior al de los
otros.
Económicamente,
por tener en sus manos, en un fututo no muy lejano, por herencia sus tíos,
Ernesto pertenecía a la clase explotadora, a la clase que poseía tierras. En
todo agua vemos que él, Ernesto, aparece como el blanco que se compadece de los
indios. Está al lado de ellos, los apoya y conversa con ellos. El hecho de que
comparta la noche con el “Kutu” nos muestra la confianza que existía entre
ellos. Pero no, eso sólo es una ilusión. Arguedas nos presenta una metáfora de
vida en “Wambra Kuyay”: Vemos que los indios hacen un redondera y que Ernesto
queda, por motivos desconocidos fuera de él. “… Se agarraron de las manos, y
empezaron a bailar en la ronda, con la musiquita de Julio el charanguero. Se volvieron a ratos,
para mirarme, y reían. Yo me quede fuera del círculo, avergonzado, vencido para
siempre…[10]”
Todos estaban ahí, todos los indios, en su vida, con sus costumbres. Quedó
fuera, él que tenía que hacerlo. El color de su piel, y las posesiones que
tenía, eran un impedimento para Ernesto de pertenecer a ese grupo de personas.
Se agarraron de las manos todos aquellos que compartían el origen, la raza y
los mismos sufrimientos. Digo los mismos sufrimientos, porque ni en Wambra
Kuyay, ni en los demás cuentos de agua, Ernesto es humillado, o tratado igual
que los indios. Siempre aparece como alguien pensante, como alguien que es sólo
un observador. Esta visión le hace pensar mal de los indios sanjuanes, y le
hace alabar el valor de los tinkis en “agua”. El quedar fuera del círculo, en
ese simple baile, al compás de la música del charanguero, significa quedar
fuera de las costumbres y de la vida común de los indios, y sobretodo quedar
fuera del corazón de Justinacha para siempre.
Pero
en ese acto, tan simple, también vemos la discriminación racial. Los comuneros
que estaban en la ronda lo veían fuera, y se reñían de forma tal que lo
hicieron sentirse derrotado para siempre. Al sentirse derrotado, él, el sobrino
y heredero del monopolio de las tierras, se sintió inferior a los indios. Pero
estas burlas no sólo quedan en risitas. También hay insultos de por medio.
“niño sonso” es lo que le decían las empleadas de sus tierras. Y con estas
burlas todos se reían carcajadas.
En
este relato vemos que el amor también está condicionado: “– Justinacha te
pareces a las torcazas de sausiyok. – Déjeme niño, anda dónde tus señoritas…[11]”. Esta reacción demuestra
que Justina no estaba dispuesta a compartir su vida con Ernesto pues ella no
pertenecía a que la ella llama “tus señoritas”. Justina se refería a las chicas
de las clases elevadas, a las que tenían el mismo color de piel que Ernesto.
Pero no significa sólo eso, también le da a entender que él no pertenece a su
clase, que ella tendría que estar con alguien de su mundo y su posición social.
Es por eso que prefiere al “Kutu”.
Pero
no queda ahí el asunto. Vemos que Arguedas cree en la pureza de la sangre, es
por eso que en agua no apareen mestizos, sino simplemente blancos e indios.
Muchos estudiosos han encontrado y han postulado a que Ernesto es ejemplo de
mestizaje en los cuentos de Arguedas. Pero un estudio concienzudo nos hace
pensar que Ernesto, a pesar de su acercamiento, sigue siendo blanco, aunque él
mismo no lo quera ser. Es por eso que lo
sacan de ese mundo y lo llevan a la ciudad. Si el amor con Justina se hubiese
consumado esto hubiera originado mestizos, y los mestizos, según Guaman Poma,
son producto de “putirio de las indias con los conquistadores[12]”
Vargas
Llosa afirma que los indígenas peruanas, han sido racistas y esto es claramente
visible en los escritos de Guaman Poma. “… según Ossio, Guaman Poma ‘ propone
un modelo estático de sociedad en el cual toda movilidad social queda
completamente excluida y en el cual las personas quedan paralizadas en su
propios estamentos, casándose solamente entre iguales y en el cual el estatus
se decida sobre las bases de la sangre’…”. Pero la visión de Guaman Poma se
debe a que en cualquier momento el Inkarri tenía que poner las cosas en su
lugar, como estaban al principio. Es por eso que no debe haber términos medios.
Según Guaman Poma, los indios tenían que gobernar sobre los españoles. Entonces
los mestizos, hijos de españoles con indígenas, no tenían lugar en este mundo
que vuelve a su normalidad y representaba el caos social.
El
problema de sangre no sólo se da en el Perú colonial. Ese problema había
existido ya desde las poblaciones pre – inca. La pureza de sangre, sobretodo en
la clase real, ha sido fundamental para la conservación del poder en aquello
círculos. La prueba literaria sobre ese racismo está en “ollantay” donde se nos hace conocer que un general de
las fuerzas militares no podía establecer un amorío con la hermana del rey pues
no eran de la misma clase. Pero, como en los cuentos de hadas, después de mucho
sufrir tienen, al final de su vida, una razón para vivir felices.
Así
que, por las costumbres y por su conciencia del lugar que ocupan en la
sociedad, Justina rechaza a Ernesto. Y es al final que también Ernesto se da
cuenta de esa barrera que les separaba. “…y no creía tener derecho todavía
sobre ella; sabia que tendía que ser de otro, de un hombre grande, que manejara
ya zurriago, que echara ajos roncos y peleara látigos en carnavales…[13]”No creía tener derecho
sobre ella, pero tampoco tenía derecho sobre ella ninguno que no perteneciere a
su clase. No menciona que don Froilán, que la había forzado, para quedarse con
ella. Menciona a un hombre, a un hombre de la comunidad. A un hombre que al
final de cuentas se parecía tanto al “Kutu”.
[1] Leído el 20 de
enero del 2011, en el marco de la conmemoración del centenario del nacimiento
de J. M. Arguedas. Huánuco - Perú
[2] Mario Vargas
Llosa, elogio a la lectura y la ficción,
fundación nobel 2010.
[3] C. Marx y F.
Engels, Manifiesto comunista,
Alemania 1872
[4] J. C. Mariátegui,
Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana,
[6] Agua, Lima 1935
[7] Karl Abraham, Estudios sobre psicoanálisis y psiquiatría,
Editorial Hormé, Argentina 1961
[8] Varios autores, Fundamentos de la filosofía marxista –
leninista, editorial progreso, Moscú 1975.
[10] José María
Arguedas, agua y otros cuentos indígenas, Buenos Aires1974
[11] Obra citada.
[13] Obra citada.
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