La Georgette que conozco[1]



Introducción:

Georgette, una niña, dieciséis años menor que el gran poeta Cesar Vallejo, al verlo por primera vez quedó profundamente  enamorada de él, y ese amor, muy puro y sincero, le duraría hasta el último de sus días, cuarenta y seis años después de la muerte del poeta. Se dice que al principio fue un amor de miradas tiernas, sin voz, ni acercamientos. Un amor de esos que parecen ser predestinados.

Muchas cosas se le han reclamado a Georgette, entre ellas la negativa a la repatriación del cuerpo de Vallejo. Pero, a pesar de todo, y con su mal carácter, ella fue la que defendió la obra y la figura de un Vallejo que estaba condenado, con su prematura muerte, a ser sólo un gran poeta peruano. Fue ella la que guardo, cocido a su pecho, los poemas que él dejó desparramados a su muerte. Y con esto, gracias a las publicaciones que ella hizo posible, Vallejo es ahora el gran poeta universal. También la que defendió a capa y espada la honra del poeta en un tiempo en que muchos querían lucrar hablando mal del poeta, o haciendo declaraciones fuera de contexto.

Hay estudios profundos sobre la vida de esta mujer luchadora, por eso, en estas líneas, no queremos hablar ampliamente sobre la figura de Georgette Marie Phlippart Travers, sino, más bien, hablar de ella a través del hermoso poemario que nos dejó, y que comenzaron a nacer en la agónica cama de un Vallejo que se despedía de este cruel mundo.

De los 168 poemas que se incluyen en “Masque de Chaux”, libro aparecido en 1968 hemos escogido algunos poemas vitales para un pequeño análisis de esta gran poeta y amante del poeta universal peruano. Será por eso que ella, en una ocasión dijo: “…Después he escrito algunos poemas, bien modestos. Treinta están dedicados a Vallejo…[2]

Sobre el título:

Masque de chaux, lo que literalmente de puede traducir del francés como: máscara de muerte, encierra un significado profundo. En la antigüedad existía la creencia de que si se usaba una máscara se podía, a través de ello, obtener las cualidades, poderes especiales y conocimientos de la persona, animal u objeto que se representaba. 

El utilizar una máscara de muerte puede relacionarse, en la caso de Georgette, con la idea de obtener cualidades mortuorias y estar cerca de la muerte, y así, como dice en uno de sus poemas, cuidar los sueños del poeta, escuchar sus pasos y sentir su rostro.

La cabeza apoyada contra tu muerte
y por todo el tiempo que falta
yo escucharé tu sueño,

Tu frente colmada de sollozos
sobre mi pecho seco para siempre…[3]

Mirando  través de la máscara:
Al igual que la vida del poeta peruano, la vida de georgette también ha sido una vida desgarrada por la miseria y el dolor. Ella gasto todos sus bienes heredados en un viaje que hizo con el poeta a la Unión Soviética, desde entonces, junto a su gran amor, vivió en hoteles de donde los botaban por no poder pagar a tiempo las pensiones.

El día que murió Vallejo, ese jueves santo, del que tal que vez Vallejo dijo, años antes “y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, y que hay un viernes santo más dulce que ese beso[4]”, georgette pronuncio la frase que sería el comienzo de muchos poemas dedicados a una misma persona. “O douleur. Inmaculée conception de la mort” que se puede traducir como: o dolor, inmaculada concepción de la muerte. Estas palabras nos hacen recordar uno de los fundamentos básicos de la religión católica apostólica romana del que María, la madre del hombre llamado Jesús, por medio de la inmaculada concepción, ha engendrado a Jesucristo, el salvador del mundo.

El término inmaculado, tiene una acepción de perfecto. Aunque también puede significar puro, limpio, etc. En estas palabras “inmaculada concepción de la muerte” se hace notar que el dolor es el perfecto hijo de la muerte. Esto lo puede decir sólo alguien que ya ha padecido todo, que ya lo ha sufrido todo, pero que experimenta un dolor perfecto al ver morir, al ver alejarse, al ser que llena el mundo, su mundo.

“… Sin remedio pasa tu muerte.
Vi pasar tus lágrimas entreabiertas
y el triste barco de tus días condenados…[5]

El dolor que sentía, mientras él se alejaba para una España imaginaria, era el más grande y perfecto dolor que, como lo cree y siente ella, nadie había sentido. Será por eso, con lágrimas los ojos, la poeta lloró estos versos:

“Tu adiós
inmoviliza mi angustia
allí donde mis pasos se hacen oscuros.

Tu adiós hace retroceder mi día futuro
y ese día vuelve a mí asustado
como un culpable.[6]

Había hecho muchas cosas, todo lo que su ser podía hacer, para salvarle la vida al poeta amado, que en su lecho muerte, al ver que ya nada se podía hacer, sólo pude decir:
“he corrido tanto, y todo para nada…[7]”.

Verlo morir ahí sería para ella la frustración de que todo lo que hizo no valía para nada, no pudo salvarlo y menos, quizá como ella hubiera querido hacer en ese momento, no podía correr más tras suyo.
Pero no se conformaba con perderlo ahí, ella sabía que entre su tiempo y el tiempo de él, hablo del tiempo de la muerte, todavía quedaba tiempo para volver a estar juntos, para dormir los dos, como dos hermanitos, será por eso que ella le dice esto al poeta.

“me iré a sentar sobre tu tumba,
La cabeza apoyada contra tu muerte
y por todo el tiempo que falta
yo escucharé tu sueño…[8]

El poeta había sido para Georgette todo su mundo, todos sus días. Pero no sólo, cuando se quiere a una persona, se puede desear que sea la felicidad. No, eso no es que una de las falacias de esta vida. Cuando uno ama a alguien se le acepta aun cuando se sabe que esa persona será la desgracia, y el dolor infinito. Ella así lo entiendo, ella no le pidió más.

“…Tú mi vida,
tú mi desgracia…[9]

Georgette, no necesitó tener una hijo para mecerlo, pues ya lo había encontrado en Vallejo. Esto quizá dio pie a los rumores de sus múltiples abortos. Pero para qué mecer a un niño, cuando se puede mecer al hombre que es la vida de uno, y que a la vez es la desgracia. El instinto maternal siempre está configurado en las mujeres, es por eso que las niñas meses a sus muñecas con tal pasión como si lo harían con un verdadero bebe.  Pero ella va más allá, lo quiere mecer por toda la eternidad.

“… Toda mujer,
eternamente,
mece un niño…[10]

El tres de abril de 1970, Georgette cumple uno de los sueños de Vallejo. Lo traslada del Cementerio Montrouge al Montparnasse. Ella lo hizo, según dijo después, “…para que se cumpliera el deseo de Vallejo, y el mío…[11]” en esta tumba, al cual pidió que nadie la abriese sin su consentimiento, lo hizo para que no puedan repatriar el cuerpo de su amado a un país donde todos le dieron con un palo sin que él les haga nada, ella escribió un hermoso epitafio.

“…Nevé tanto
para que duermas,
lloré tanto
para que puedas descansar…[12]


[1] Leído el 24 de abril en “conferencias de poetas y escritores” en el marco del mes de las letras en Cerro de Pasco
[2] Como una Estela de tu muerte, Enrique Gonzales Bermejo.
[3] Sentada, Georgette de Vallejo.
[4] El poeta  su amada, César Vallejo.
[5] Sin remedio pasa tu muerte, Georgette de Vallejo.
[6] Tu adiós,  Georgette de Vallejo.
[7] Sentada. Georgette de Vallejo.
[8] Sentada, Georgette Vallejo.
[9] Tú, Georgette de Vallejo.
[10] Tú, Georgette de Vallejo.
[11] Fuente: wikipedia.
[12] Tú, Georgette de Vallejo.

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