HISTORIA DE UN ABORTO

  
No supo que hacer. ¿Matarse? De qué valdría. Encontró los papeles que confirmaban el embarazo. Era cierto lo que le habían contado. Ese día cambió de todo su mundo.

-          No puedo creerlo.
-          Lo ha hecho, disculpa que sea yo quién te lo cuente.

¿Cómo contar la historia de un aborto? Más aún si no has sido parte de los hechos. Si has sido un simple observador, desde lejos, desde tus conceptos morales, desde esa moralina que te hace ser quién eres. La estúpida idea de idealizar a una mujer, a esa mujer que era, es, la mujer que más has amado en la vida. Esa mujer que amó a otro, o quizá no amó nunca a nadie.

-          Es un niño, no tiene la culpa de nada.
-          Quizá lo tenga, nada en el universo es inocente. Todos hemos venido cargando la culpa de Adán. Es imposible librarse de eso.

La desesperación no la había dejado dormir muchas noches. Estoy embarazada, se decía, sin poder creerlo. Él, es sólo la sombra de lo que había sido meses anteriores, un espectro que se hacía cada vez más irreal. Estaba segura de que nunca la había amado. Pero aun así su vientre albergaba un niño. ¿Un descuido? No era eso, era la plasmación del amor, de eso que aún no se puede explicar. ¡Maldita sea! Todo y nada se explicar en el amor. No había pasado por su mente que él la había amado más de lo que ella misma se podía imaginar.
Eso me llenaba de envidia, yo la amaba pero ella lo amaba a él y él la amaba a ella. Yo era un estorbo, nada más que eso.

-          Conozco a alguien que el “trabajo” lo hace bien.

Había tomado la decisión de hacerlo, aquella tarde recordó lo que había vivido. Fue a visitar las calles que le traían recuerdos, la nevada de diciembre del 2004, las cartas, antes que el Facebook se apoderé de la comunicación. Todo, pero se dio cuenta de que Jesucristo no estaba tan cerca esta vez, quizá nunca lo estuvo. Recordó la noche estrellada junto a la persona que se ama, mirando un porvenir que nunca se cumpliría. La deuda que aún el destino le tenía pendiente.
Había tomado la decisión de hacerlo, pensando en alcanzarla. Ya no podía vivir sin ella.

-          Al parecer has venido temprano. Nada se puede hacer ya. Las últimas horas son las que nos condenan en el recuerdo de las personas más cercanas a nosotros. Has llegado temprano y no importa. Mañana muchos maldecirán mi nombre. Creo que los años no importan, ni las estaciones que el hombre está condenado vivir en su condición de anatema.
-          Hablas como si fueses a morir. Siempre un tono fúnebre. Nada ganas con hacer esto. ¿Se van a acordar de ti? No lo creo. Te olvidarán en menos de una semana. No eres nadie, ni has hecho nada digno de ser recordado.
-          Dios nos ha mentido, la oración casi nunca cura al enfermo.
-          ¿Por qué te matas? Porque simplemente no cambias y comienzas a vivir como cualquier máquina. Perdón no quise decir eso.
-          Es tan fácil para ti.

La encontraron muerta en su habitación. Dijeron que fue un infarto. Siempre culpamos a las enfermedades de nuestras desgracias, siempre tendemos a culpar a alguien, o algo, de lo que nos pasa. Será por eso que Adán culpó a Eva, y Eva a la serpiente, ¿Tan cobardes han sido las primeras criaturas de Dios? Debemos reconocer que también Dios ha sido tan cobarde al destruir Sodoma y Gomorra, ciudades y personas que fueron creados por él, claro si queremos creer en la afirmación de los Salmos en la que asegura que ni las hojas de los árboles se mueven si no es por la voluntad de Dios.
Quizá nadie se hubiera enterado de la verdad, la mayoría hubiera pensado que fue un infarto lo que apagó su vida, lástima que en una noche de borrachera las personas hablan más de a cuenta, fueron sus mismas amigas las que, en La Katedral, confirmaron lo que se venía sospechando.

Por qué simplemente no admitir que tenía dos meses de embarazo, que se quiso deshacer del niño. Algunos dicen que fue por el concejo de unas amigas.
Me olvidaba decir que la familia, la de ella, tenía que guardar  el decoro ante esto. Qué escandalo se hubiera armado, qué hubieran dicho las vecinas. Los chismes de todos los conocidos.
Nadie tenía que enterarse que fue un asesinato, el aborto no es más que un asesinato.

No puedo soportar perder tanta sangre, a esto debemos agregar que sufría una especie de anemia. Quizá también podemos suponer que hubiera podido morir en el parto. Tanto pensamos en lo que pudimos haber vivido que nos quedamos sin vivir nada.

Esto fue el detonante para él.

-          De nada valdrá asegurar que muchos de los que han jurado fidelidad a Dios han fallado, pocos han cumplido su promesa hasta el final. Quizá Pablo no mentía cuando aseguraba que le esperaba una corona. Luchó hasta el final. ¿En verdad habrá recibido la corona?
-          Para muchos Dios es no es más que el recuerdo de un hombre crucificado quién sabe por qué.
-          Quizá sea sólo eso, pero la verdad es que no podría dejarme morir sin creer que él me entregará una corona o que seré condenado al infierno.
-          La oración de fe puede sanar al enfermo, pero ¿Sabes qué es la verdadera fe? No esa fe que predican en la televisión, esa fe que tiene que regalar dinero a los predicadores. No, esa no.
-          ¿Todo lo tienes que hacer tan difícil? Creo que lo mejor será pensar que después de muerto no hay nada más, incluso la nada, porque la nada ya sería algo.

Enterarte de la verdad, volver al infierno, encontrarte con espectros y no con personas. La persona que amas, esa que ha cometido el delito, la que ha abortado,  se sienta al lado tuyo, saluda, con un beso frío. Al parecer no le ha afectado tanto, por lo menos no como a ti, por lo menos eso parece, cómo puede soportar el hecho de asesinar a alguien. Pero la amas, o crees amarla. Quizá Denegri encuentre el término correcto para lo que sientes, quizá haya una palabra en alemán que describa lo que estás pasando.

La muerte de la persona amada es terrible, es un infierno. Dante lo vivió. Beatriz murió sin quererlo. Dante al divagar por el infierno sintió envidia de unas almas condenadas en el segundo foso del infierno, unas almas que estaban condenadas a estar juntos por la eternidad, castigadas por la justicia divina, pero juntas.
Lloró al entender que nunca más ella podría estar a su lado, ni en el cielo ni en el infierno

-          ¿Acaso ya has olvidado de la estupidez que has hecho con ella? Nadie debe olvidar las cosas que hace.  Las cosas que haces nos condenan a vivir en el olvido o en la gloria, algunos llaman a eso karma.

Después de leer a Dante, después de leer la historia de esos dos condenados en un infierno que para ellos se había convertido en un paraíso. Al imaginar a aquellas dos almas condenadas a estar juntos por la eternidad, había sentido envidia. La vida no merece la pena vivir si ya ha muerto la persona que llena el mundo.

-          Quise ser feliz de buena gana, nunca se pudo. La felicidad es tan efímera. Al final se escribe para intentar que nos entiendan los que no pueden hacerlo

Murió con el recuerdo de lo que había hecho, recordando su último día en el Templo Sion, cuando todavía creía en el farsante de Jesucristo, cuando todavía creía que se podría ser feliz, cuando todavía no la conocía. Recordó aquella ronda que hizo, a cada una de esas personas que habían compartido momentos de su vida, la canción que habían cantado en su cumpleaños.
Murió con la esperanza de ser más que esa sombra que fue mientras estuvo vivo.

La vida solo vale la pena vivirla si se deja una gran historia de amor.


El problema de los cuentos es que se olvidan, la memoria los mejora, les pone más dramatismo. Se dijo que murió por amor, como aquel romano que se dejó morir por el amor de una germana. Nadie puede saber las cosas, procesos mentales, que originan cada una de las acciones de los demás. 


Isaías Joel Hurtado Santa Cruz (2015)

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