CATHERING O LA TESIS DE UN SUICIDIO INCONCLUSO
La encontraron muerta, al costado de
la Plaza Carrión. No encontraron más huellas en la escena del crimen, por lo
menos eso fue lo que decía el informe policial, que un manuscrito casi ilegible
a causa del deterioro del papel por la lluvia.
Se han construido muchas hipótesis al
respecto, un asesinato de esa magnitud no ocurre todos los días, algunos
sustentaron que fue un crimen pasional; otros, mencionaron la psicosis y otras
enfermedades mentales de un personaje que quizá vuelva a matar. Otros muchos
han ido construyendo sus hipótesis a través de datos que han ido recopilando
entre los que han conocido a la víctima, vecinos de buena fe que han mejorado
el recuerdo de la que ya no volverán a ver.
Estoy seguro que muchos de ellos no
han tenido acceso directo al manuscrito que se encontró en el bolsillo derecho
de la occisa.
De la víctima, Cathering, (Aunque
sería mejor utilizar la palabra víctimas, por lo menos para que se comprenda
mejor lo que queremos justificar, y para hacer un poco de justicia al ahora
llamado victimario) podemos decir que días antes apareció con un ojo verde,
producto, suponemos, de una golpiza recibida en una discoteca. No ha sido
confirmada esa hipótesis.
Pero de los muertos se habla mucho,
quizá para justificar su existencia. No he querido presentar las hipótesis de
mis investigaciones, eso tendrá ya su momento. Sólo quería, y para liberarme un
poco de las cosas que vengo acumulando con todo esto, presentar el manuscrito
del que tanto se habla.
Cerro de Pasco, 30 de agosto del 20...
No sé cómo empezar, a través del alcohol no se pueden decir cosas
memorables. He intentado hacerlo, en un estado mejor, sobrio, terminé llorando
en la segunda línea. Esta confusión, es la confusión de dos destinos que
fueron, por un instante, al menos en este presente cuántico, uno. Es la condena
a mi blasfemia.
¿Para qué contamos lo que nos pasa? Supongo que es una especie de
vanidad. Vanidad de vanidades, decir que se ha tomado el cuchillo, de cocina,
para cometer el crimen que ahora intento justificar. Eso no es más que engañarse
a uno mismo.
¿Fue una puta? No sabría decirlo. Quizá sólo necesitaba un poco de
cariño. ¡Maldita sea…! Siempre termino justificándola. Ya es hora de aceptar
que ella nunca me quiso. Sospecho que cualquier psicólogo que lea esto pensará,
sólo al leer estas líneas, haber encontrado ya las razones para haberla matado:
Traición, imposibilidad de ser amado. Quizá tengan razón. Pero el alma de un
ser no está codificado en las obras completas de Freud.
-
¿Es la última vez?
-
¿Estás seguro?
-
Sólo déjame entrar.
-
¿Qué tienes ahí…?
Ya no lo soporto. Es de lo peor. Un cigarrillo, música. Estoy seguro de
que es difícil entender las cosas que se pueden escribir en un estado así. Ya
me estoy resignando a que nadie me entienda.
-
¿Nunca me acostumbraré a tu perdida?
El disco que olvidé devolverte, las sensaciones que nunca puedes
compartir, decirlas, porque para que te entiendan los demás tendrían que haber
vivido lo mismo.
-
No has respondido a la carta.
-
No he tenido tiempo.
-
¿Y si te murieras?
-
Cállate...
¿Estoy esperando ya demasiado tiempo? No vale la pena hacer siempre lo
mismo. Pero estás ahí, sin querer responder a los mensajes. Al final todo esto
no es más que un recuerdo de lo he intentado olvidar.
Escuchar música, recordar el
vestido lila y el sonido de tu voz. ¿Recuerdas? Estudiantes de psicología. Tú,
bailando a un costado mientras el ron consume la poca consciencia que aún queda
dentro mí. Yo, predicando a Dante, o a la imagen que ha quedado en mí del poeta
florentino, mirándote de reojo, planificando lo que quizá no pueda hacer.
-
No te vayas, quédate, el alcohol sin ti no ayuda mucho.
Es la soledad, la historia de este asesinato, lo que no me deja estar
tranquilo. Te hubieras muerto sin la necesidad de condenarme a estas culpas.
-
¿Estás seguro?
-
Las cosas no se pueden explicar de esa manera. El mundo es uno,
indivisible. No podemos hacer nada contra eso. Ayúdame…
-
Siempre dices lo mismo. Estás enfermo, y no te quieres dar cuenta.
-
Te voy a matar.
Había que empezar de algún modo. ¿Era agosto 23? No recuerdo. Hace
mucho que mi memoria no encuentra lo que busca, se pierde en recuerdos posibles,
en destinos paralelos.
La siguió por el costado, sin perderla de vista. Había decido hacerlo. Pero,
¿Cómo hacerlo? Su felicidad dependía de la muerte de esa persona. Pero, ¿Cómo
matar a la persona que se ama? Es muy difícil, piensa, mientras las casas
siguen avanzando, en algún lugar oscuro un perro lanza algunos ladridos.
Hacerlo era más difícil de lo que había pensado.
Ven que no lo puedo contar. Han sido intentos inútiles de redimir mi
alma, de hacer catarsis. Esa palabrita que siempre decías para justificar
arremetidas y torpezas. Ojalá hubieras nacido muerta. Borges, ¿Nunca me vas a
dejar tranquilo? Siempre tengo que citar un verso tuyo.
-
Le corté el paso, en un callejón.
-
Dios mío, ¿Dónde hay callejones en Pasco? Al parecer nadie va a creer
en tu versión de esta historia. Y… ¿Si decidirás contar la verdad?
-
La verdad es más oscura que esta fría celda. La verdad me mataría.
Déjame que siga creyendo en esta mentira que he empezado a llamar verdad.
-
Lo siento…
No puedo dar más detalles, ¿Por qué la maté? No lo recuerdo, como
tampoco recuerdo nada más. ¡Maldita sea! No recuerdo nada más. Sospecho que así
no llegaré a ningún lado.
-
Déjame que te ayude. Estás enfermo.
-
No lo creo. Tú no tienes capacidad para ayudarme.
-
Por favor.
-
Lárgate de aquí, no eres más que una zorra.
¿Se fue llorando? No es suficiente razón para matarla.
No es importante. Nunca lo ha sido. Al matarla, se ha redimido de mi
dolor. No importa, sí. Me niego a canonizar la realidad, los minutos, el dinero
que no sirve más que para
decepcionarnos, ése que robaré de mis bolsillos y no lo convertiré en pan. Pero
no importa nada, ni el hecho que hayas llorado buscando condenarme aún más.
Jesús no ha muerto por mí, ni por las cervezas que se tiran al río en un intento
desesperado por matar la soledad. Condenado, en algún lugar debiste rezar por
mí, no lo has hecho. No hay nada, sólo el vacío de las tardes, algunas fotos
que te harán inmortal, la extraña manera de recordarte en un estado deprimente.
Quise convertirte en mujer, en los días de Luna para un navegante, pero
sólo eras una puta, una de esas que cumplía muy bien su papel actoral. No
confió que Jesucristo me salve, nunca he creído en él.
-
Tienes que decir la verdad.
-
¿Crees que ya es hora?
-
Sí.
-
Yo no la maté.
Al parecer tampoco nadie había pensado en la segunda hipótesis: un
suicidio. Nadie cree que alguien cercano a ellos puede tomar esa decisión. Pero
la verdad es que hay más posibilidades de suicidarse que de morir asesinado.
Ojalá no hubiese sido así.
-
¿Cómo pudiste hacer eso? ¿Qué dijo?
-
¿Qué me ha dicho? ¿Pero qué puede importar eso ahora? A todo le damos
valores geométricos. No vales nada. Búscate…
Quizá algún día podamos entender que el disparo no quiso llegar a su
destino. Todo ha cambiado, cambia tú entonces, se ha secado lo que he tenido
guardado para ti. Silencio, Silencio, Silencio. Al parecer somos lo que hemos
estado perdiendo. El francés en la sangre, esos pequeños periodos que gastan a
la memoria. No estás, a veces creo conversar contigo. No... Déjame solo…
Muchos, como yo, al terminar de leer el
manuscrito, lo han considerado apócrifo.
Después de dos días lo encontraron
con unas monedas en el bolsillo derecho, un libro de Borges y aún sonada Mar de
Copas en su celular.
Fue la segunda víctima de su propio
juego, las investigaciones realizadas los han descartado como el presunto
asesino, quizá a ambos lo haya matado la misma persona.
ISAÍAS HURTADO SANTA CRUZ (2015)
ISAÍAS HURTADO SANTA CRUZ (2015)
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ResponderBorrary cuando me llega el libro completo para poder leerlo de principio a fin.
ResponderBorrarYA TE LLEGARÁ, AMIGO...
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